Durante años, muchas instituciones percibieron la gestión de riesgos como una función de control cuyo único objetivo era evitar pérdidas y limitar la exposición a eventos adversos. La evolución del entorno financiero, la mayor complejidad de los mercados y las nuevas exigencias regulatorias cambiaron ese enfoque. Hoy, las entidades más sólidas no gestionan riesgos para restringir sus operaciones, sino para tomar mejores decisiones y aprovechar oportunidades de negocio de forma sostenible.
En la República Dominicana, la Superintendencia de Bancos ha fortalecido de manera progresiva el marco de gestión integral de riesgos, con una mirada más estratégica y transversal. El Instructivo sobre Lineamientos para la Definición del Apetito de Riesgo (Circular CSB-REG-202500021) exige que cada entidad defina con claridad el nivel de riesgo que está dispuesta a asumir para alcanzar sus objetivos, y que esa definición forme parte de la toma de decisiones corporativas.
Las mejores prácticas internacionales, las del Comité de Basilea, COSO e ISO 31000, coinciden en un punto: la gestión de riesgos debe habilitar el negocio, no obstaculizar su crecimiento. Las entidades que integren sus procesos de riesgo con la planeación estratégica, la innovación y el desarrollo comercial estarán mejor posicionadas frente a la incertidumbre y a los cambios regulatorios. Las que sigan viendo el riesgo solo como cumplimiento pueden perder terreno ante competidores más ágiles y resilientes.